Siéntate, no interrumpas nuestra conversación tratándome de callar con un
beso, hoy necesito llenar nuestra copa y brindar por ti y por mí, por esta
noche y por todas las que vienen, porque hoy he conocido al amor de mi vida, y
ése eres tú...
Nunca olvidaré este bar dónde te conocí, y esas palabras tan
simples que salieron de tu boca pero que fueron las más increíbles que he
escuchado en toda mi vida... Si tan solo supieras cómo me sentí al ver tu mano extenderse hacia mí
para invitarme a bailar contigo, créeme que en ese momento nunca había sentido un
cambio en mi vida tan drástico, tan fuerte, mi corazón no sabía si seguir
latiendo o explotar de emoción.
En seguida, y sin pensarlo,
acepte tu invitación y me di cuenta que eras el mismo chico de aquella fiesta
que no paraba de mirarme. Al bailar juntos no existía nadie más.
Luego de un
rato nos sentamos y compartimos la misma copa y el mismo vino, recuerdo que no
dejabas de sonreír y de expresarme lo hermosa que estaba y sin medir tiempo ni
espacio me acerque a tu rostro y te dije despacio: “y tú tienes la sonrisa más
hermosa que he visto”
... y en ese mismo instante me respondiste con voz nerviosa
que te temblaban las piernas porque hoy más que nunca habías tenido la valentía
de conocerme. Así que, ven, destapemos esta última botella de la noche y
brindemos por los dos y por tus ganas de conocerme, pero sin embriagarnos,
porque hoy quisiera emborracharme de ti...
porque hoy quisiera emborracharme de ti...



